lunes, 8 de febrero de 2010

'Sea breve, por favor', de Václav Havel


LA LARGA VIDA DE UN APOLÍTICO DEL ESTE


Jan Patocka, el gran filósofo checo, se lo dijo en una de las salas de espera de la cárcel de Ruzyne mientras esperaban a ser interrogados por la iniciativa Carta 77, que aglutinaba a un buen grupo de disidentes checos. “No me creerá, pero la vida es horriblemente larga”. Václav Havel no comprendió el sentido de aquella enigmática frase que su insigne compañero profirió en unas circunstancias nada oportunas para recordar lo extensa que puede ser una vida. Pero cuando veinte años después surgió en su mente, encontró que aquel episodio, tan desagradable entonces, acabó formando parte de la inmensidad oceánica de unos acontecimientos que le llevaron a presenciar el cambio del régimen contra el que luchó y ocupar la máxima institución política de su nuevo país, la República Checa.

Sea breve, por favor es un libro-caleidoscopio entretejido por las reflexiones que Václav Havel escribe en una recoleta estancia de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, dos años después de haber dejado la Presidencia. Desde su retiro, escribirá el hilo conductor de este libro, que comienza el 7 de abril de 2005. A partir de aquí, sus reflexiones se entremezclarán con otras notas tomadas por él mismo, casi sin editar, de aquellos años en el Castillo de Praga, y la respuesta a las preguntas que un periodista checo, Karel Hvízd'ala, le había puesto por escrito y que actuarán a modo de flashback sobre los años de la disidencia de un régimen que acabaría por colapsar recién comenzada la última década del siglo XX. Ahora que se conmemoran veinte años de la caída del Muro de Berlín, estos recuerdos iluminan de forma oportuna gran parte de la historia de aquel periodo.

Cuando Václav Havel salió de prisión el 17 de mayo de 1989, notó que algo había cambiado desde que lo encerraran cuatro meses antes. La policía del régimen lo arrestó cuando volvía a casa del homenaje que el grupo de la Carta 77 había ofrecido en el monumento a San Wenceslao en memoria de Jan Palach, quien veinte años antes se había quemado a lo bonzo en protesta por la ocupación soviética. Aquel nuevo encarcelamiento suscitó una enorme oleada de protestas, que advirtió al régimen de lo que se avecinaba. “En aquellos cuatro meses (la situación) había cambiado más que en los intervalos de mis estancias anuales en la prisión (…) nuestra sociedad empezaba finalmente a despertar de la anestesia a la que había sido sometida en 1968 tras la ocupación soviética”.

Sin embargo, no fue hasta el 17 de noviembre de 1989 cuando los acontecimientos adquirieron una deriva imparable. Era el día en que se conmemoraba el cincuenta aniversario de la ejecución de nueve estudiantes checos por los nazis. De Polonia -donde Solidaridad ya compartía el poder-, Alemania Oriental, Hungría y la URSS de Gorbachov venían vientos reformistas. Aquella concentración convocada por las organizaciones de estudiantes universitarios terminó en una brutal represión policial que contribuyó aún más a desacreditar al régimen. Aquello, recuerda Havel, fue el detonante del cambio, lento e inexorable, que evocó la comparación periodística con el terciopelo.

“Nuestra revolución fue una de las últimas en producirse; no obstante, avanzó a un ritmo mucho más rápido que las demás y, a su manera, también fue más radical.” Quizá fue el miedo a que los cambios trajeran consigo una posterior involución o que el régimen checo, desde la Primavera de Praga, se había convertido en uno de los más represivos y reaccionarios de toda la Europa del Este. Aquella transición, como recuerda Havel, no fue la pionera pero sí la más fulgurante. El cambio se edificó sobre las antiguas instituciones comunistas, que fueron reformadas desde dentro por personas completamente nuevas. Ahí se encontraron con la dificultad, inherente a toda transición de régimen político, de improvisar una élite dirigente. Aquello se hizo como se pudo. “Tuvimos que persuadir a músicos de rock, traductores, presentadoras de televisión, científicos, escritores, incluso a nuestros amigos de taberna para que aceptaran”.

Los pensamientos de Havel sobre aquellos años le llevan a reflexionar sobre el papel de la democracia y la política en el mundo contemporáneo. “La democracia no son sólo sistemas, instituciones y sus relaciones -escribió en enero de 1996- sino que fundamentalmente se trata de la relación con el mundo y la sociedad, una forma de pensamiento, el espíritu de la vida pública (…) La tecnología de la democracia es impensable sin una cultura democrática”. Son estas reflexiones las que hacen interesante este libro de retazos, que no ahorra detalles que parecen insignificantes, pero que dicen mucho del personaje cuando el libro de cierra. Ahí nos encontramos con el “político apolítico” en la era de la “posdemocracia”: “una democracia que recupere su contenido humano” a través del “desarrollo de una sociedad civil abierta” y “la importancia del interés a largo plazo y de la dimensión espiritual y moral de la política”. Que Havel es un idealista no es ningún secreto. Quizá a ese carácter le deba tanta lucidez.

Sea breve, por favor. Pensamientos y recuerdos, de Václav Havel. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2008, 427 páginas, 30€.

Artículo publicado en Actualidad Económica, 27.11.2009

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