viernes, 9 de octubre de 2009

El Nobel Obama

Nunca un Nobel causó tanta perplejidad. No sólo al público sino también al propio galardonado. Esta confluencia de pareceres no deja en muy buen lugar al jurado de la Academia Sueca que concede los Premios de la Paz. Se supone que Alfred Nobel quería premiar la excelencia, la vanguardia, lo sobresaliente y novedoso en el conocimiento científico y humanístico. Es decir, un reconocimiento que, por definición, debía ser a posteriori, sobre algo ya culminado o alcanzado. El Nobel no debería recaer en un novel.

El premio recién concedido a la escritora alemana Herta Müller, como a Le Clèzio el año pasado, parece apuntar un criterio, el de los premios literarios, destinado a alumbrarnos talentos escondidos, sobre los que el gran público apenas tenía ningún conocimiento. Es un criterio discutible, desde luego, pero al menos tiene algo que ver con los principios de su fundador. Las narrativas de Pamuk o Coetzee habrían pasado aún más inadvertidas de no ser por la relevancia de este premio.

La tendencia de los grandes premios internacionales por reconocer lo mediático antes que lo genuinamente relevante corre el riesgo de desdibujar su identidad y, por extensión, de su sentido. Bien haría la Academia Sueca en reflexionar sobre el eco que ha tenido este populista y propagandístico Nobel de la Paz 2009. Cierto es que en este premio pueden colarse lo que popularmente se conoce como piernas, que los hay y no digamos en el ámbito internacional. Por eso no se entiende un premio al impacto, a la formulación de una promesa, más que a la cristalización de un resultado. Algo, por otra parte, muy propio de este tiempo que vivimos, donde antes que ser, uno tiene que parecer. Si no lo acaba siendo, tampoco pasa nada. Por eso hoy se dice que lo importante en política es despertar "ilusión". ¿Y luego qué? Como metáfora de lo que llegaba desde Oslo, el gobierno francés se descolgó ayer con una medida "ilusionante": una "exigencia" a las grandes empresas para que pongan en marcha planes antiestrés destinados a sus empleados. Y uno se pregunta: ¿han probado a subirles el sueldo?

Las reacciones de los llamados "líderes mundiales" han sido elogiosas, como no podía ser de otra manera. Pero otra cosa han sido los medios y las opiniones privadas vertidas a través de blogs y redes sociales como Facebook. Así que si la Academia Sueca pensaba apuntarse un tanto "mediático" con este premio, es evidente que lo ha conseguido, pero mucho me temo que a costa de su prestigio.

Pero a POTUS la noticia le debió sobresaltar tanto como a sus colaboradores, que a las cinco de la madrugada estaban cerca de la Situation Room. Desde ese momento, nadie en la Casa Blanca pudo sacudirse la sorpresa. Rechazar el galardón habría sido un desaire internacional a Suecia y la puntilla a unos premios que pasarían a estar desprestigiados por completo.
Let me be clear: I do not view it as a recognition of my own accomplishments, but rather as an affirmation of American leadership on behalf of aspirations held by people in all nations.
Obama y sus asesores se esforzaron por reconvertir el premio a una persona en un premio colectivo: a toda una nación que lidera un nuevo tiempo. No está mal, pero el propio Obama sabe que esta distinción viene en el peor momento posible.
President Barack Obama’s Nobel Peace Prize is quickly turning from a singular honor into a gold-medal headache, as even supporters call it premature and critics say it proves he’s a darling of the international elite.
Así lo vio el influyente Politico.Obama ha dicho que esto contribuirá a prestigiar aún más a Estados Unidos como líderes de una nueva era en las relaciones internacionales. Sinceramente, no creo que sea esto lo que le procure una mayor influencia. El presidente corre el riesgo de confundir los medios con los fines, o como dice Nancy Gibbs en su artículo de Time Obama's Nobel: The Last Thing He Needs, "it's a starting point, not an end in itself".
It is wonderful to know that Europe loves Obama and identifies him with peace; but the reality is that he is still running two wars, and some of his choices reflect continuity with Bush policy.
Nicholas Cull, profesor en el Center for Public Diplomacy, lo ve desde el punto de vista de la imagen exterior de los Estados Unidos. Es evidente que con Obama esta imagen tiene muchas probabilidades de mejorar, tal y como se ha reflejado en el índice Anholt, pero también es cierto que, en el plano internacional, lo único que se ha hecho es una buena apertura de partida, por decirlo en términos ajedrecísticos. Queda terminarla.

La prudencia con la que se ha guiado, con gente como Hillary Clinton o Robert Gates al frente de Exteriores o Defensa, no ha cristalizado en esa expectativa de cambio radical que destilaba su campaña. Y quizá por eso, justo la semana en que se ha recibido la noticia del premio, ha aparecido este artículo de New Statesman con un titular muy significativo: Change we can't believe in. La gran luna de miel con que se abrió la presidencia se ha ido estrechando, hasta el punto de estar con una diferencia de diez puntos entre las personas que aprueban su gestión y quienes la desaprueban. La presidencia Obama se configura como un reto en la gestión de expectativas, algo que es un gran problema cuando éstas exceden a las posibilidades reales de conseguir resultados. Quedan casi tres años y medio. El premio Nobel no le va a ayudar en nada a ello.

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1 comentario:

Jordi Molas dijo...

Me quedo con algunas frases de tu post, aún a riesgo de desfocalizarlo. Lo cierto es que me ha gustado mucho... como casi siempre que leo lo que escribes ;-))

1. Esta confluencia de pareceres no deja en muy buen lugar al jurado de la Academia Sueca que concede los Premios de la Paz.

Totalmente de acuerdo... Déjame ir un poco más allá. Me cuesta mucho pensar en la Paz sólo como un sano equilibrio de fuerzas internacionales. Es imposible hablar de Paz y a la vez ofrecer una actitud débil y posibilista en el tema del aborto. ¿Qué digo débil y posibilista? ¿No era Obama quien pretendía "constitucionalizar" el aborto? Macabra contradicción para el ganador del premio nobel de la paz (premio, nobel y paz en minúscula, conscientemente)

2. La presidencia Obama se configura como un reto en la gestión de expectativas, algo que es un gran problema cuando éstas exceden a las posibilidades reales de conseguir resultados.

Ese planteamiento me suena a algo muy cercano. Buenas palabras, gestos que parecen importantes, actitudes aparentemente resueltas. Como con las burbujas de la gaseosa... déjala abierta unas horas y sólo encontrarás un líquido dulzón sin chispa que ya no sirve para el fin por el cual fue creado.

3. Las reacciones de los llamados "líderes mundiales" han sido elogiosas, como no podía ser de otra manera.

Después de leer algunas reacciones me queda esa extraña sensación de "Que bien nos lo pasamos entre nosotros... ¿Y esos? ¡Ah sí! Esos son el pueblo por y para el que trabajamos... son la parte incómoda de este trabajo que no queda más remedio que asumir". El rebote en Facebook ha sido espectacular. De acuerdo, Facebook no es el mundo. Mi círculo cercano no es el mundo. Pero que significativa ha sido la reacción entre tanta gente de pelaje tan distante. Me recuerda a esa típica película tocho-infumable adorada por la crítica (los que saben de esto) y denostada por el público (esa masa informe vista como el mal menor) Cada vez estoy más convencido que nuestro voto lo necesitan pero, en el fondo, lo detestan: "que bien que haya tanta abstención. Eso signfica que cada vez interesa menos lo que hacemos"