miércoles, 5 de noviembre de 2008

La noche más larga

23.30 horas. Llego a la fiesta de la embajada de los Estados Unidos en España, en la sede de Casa América. Llego casi con las reservas a cero, después del Haendel que acabo de ver en el Real. Poco más se puede hacer cuando uno se topa con una cantante como Marijana Mijanovic.

Noto un cierto aburrimiento en las caras al llegar. Muchos ya llevan una hora por allí, y hasta dentro de una hora al menos no habrá ningún dato. Cosas de la diferencia horaria. Las elecciones estadounidenses no son para impacientes. Un país de trescientos millones de personas no vota en un santiamén y la combinación de elección mayoritaria simple con elección indirecta a través de un colegio electoral no contribuye a simplificar las cosas. Todas esas noches electorales siempre hay que esperar demasiado.

Viejos conocidos, apretones de manos. La pregunta más oída es ¿quién va a ganar hoy? Los más lanzados siempre son los que trabajan en algún ámbito cercano a la política. Así, uno puede encontrarse a los del PP, incomprensiblemente con los republicanos, y a los del PSOE, incomprensiblemente con los demócratas. Los primeros, apoyando a la administración norteamericana más intervencionista de los últimos tiempos y que deja un bonito déficit en las arcas públicas, lejos del famoso déficit cero de la era Clinton y axioma de los Gobiernos de Aznar. Los segundos, creyendo que Obama es algo así como el ZP americano, que se olvidará de Iraq, que no nos pedirá más tropas para Afganistán y que renegará de la "guerra contra el terrorismo".

Primeros resultados de Kentucky en las pantallas. McCain por delante. Los menos avezados se muestran impresionados. Esto no ha hecho más que empezar. Me encuentro con un antiguo compañero en lides políticas. Charlamos. "Landslide victory": los datos que hemos manejado estos meses revelan que la marea es imparable. En la pantalla, siguen los datos iniciales favorables a McCain.

Son casi las dos de la madrugada y el goteo de datos continúa. Obama ya está por delante en votos electorales. Pero aún queda mucha tela que cortar. En la pantalla busco Pennsylvania. "Too close to call". Decido irme a casa y terminar allí la noche electoral. Si el sueño aprieta, siempre tendré la cama al lado.

Cuando conecto la CNN y entro en Facebook, los medios ya dan Pennsylvania para Obama. Me lo advierte un buen amigo que está, como yo, pendiente de los resultados. Primer revés para McCain. Florida y Virginia apenas han empezado el escrutinio y los resultados son muy parejos.

El gran vuelco se produce cuando Ohio y Nuevo México caen del lado demócrata. Las balas se le acaban al bueno de McCain. Aún queda una rocambolesca combinación, pero todo es posible. Todo depende de Virginia, Florida y... Carolina del Norte, que parece haberse vuelto demócrata de repente.

La costa oeste cierra las mesas electorales. Las teles lo tienen claro: tras dar Virginia a Obama, la ventaja en los estados de esta costa convierten al senador por Illinois en el próximo presidente de los Estados Unidos. La jornada histórica se ha consumado. Un político de color llega a la máxima institución de la Unión. Algo que Lincoln nunca barruntó y que Martin Luther King dijo soñar una vez. Ahí están, negros, hispanos, jóvenes wasp, gritando y saltando juntos en un parque de Chicago.

Esta ciudad me trae muy buenos recuerdos de un largo verano que pasé allí, trabajando como voluntario en un programa de integración de minorías. Recuerdo sus caras, sus preocupaciones. Aprendí muchísimo de cómo afrontaba cada día aquella gente, y de cómo sus hijos se esforzaban para conseguir entrar en un buen Instituto que les asegurara el acceso a una buena Universidad. El programa Midtown Center les ayudaba a conseguirlo desde los años sesenta.

Muchos de ellos están detrás del triunfo de Obama de esta noche. Nuevos votantes, desencantados del sistema, que han decidido votar esta vez en estados como Ohio, Pennsylvania o Virginia, tradicionalmente republicanos. Desde que el senador se presentó, un magma de nuevos votantes le han aupado frente a un peso pesado como Hillary Clinton. El deseo de cambio se la llevó por delante.

Veo a Jesse Jackson llorando en la tele. No es para menos. El sueño era esto. Ya está. "¿Y ahora qué?" como dice Robert Redford al final de El candidato. Tiempo hay de hablar de ello.

Cuando termino estas líneas, Obama ya ha salido a hablar a la muchedumbre de Chicago. Está rodeado de banderas americanas. Dos muros de cristal antibalas flanquean la zona donde va a hablar. Esto acaba de empezar. El marcador señala en estos momentos un 155-338 para Obama. "Landslide victory".

Fotos: AFP y Daylife.com

1 comentario:

Carolus dijo...

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