lunes, 29 de octubre de 2007

María Cristina me quiere gobernar

No habrá segunda vuelta. Esta madrugada, Cristina Fernández de Kirchner se convertía en la nueva presidenta electa de la República Argentina. Su principal rival, Elisa Carrió, ya lo avisaba en las últimas horas. Cuando los porcentajes son tan rotundos, los sondeos no suelen equivocarse. Por más de 20 puntos ha vencido la candidata "oficialista" sin que sea necesario el ballotage. (Más información, en la estupenda web del diario bonaerense Clarín y el especial elecciones argentinas del diario El Mundo).

Argentina sigue, de esta forma, la estela de su vecina Chile, donde dos mujeres van a coincidir al frente de sus respectivas repúblicas en los próximos años. La política al sur de Iberoamérica se feminiza y va a ser divertido ver el contraste con los hiperactivos Chávez, Correa y Morales del norte.

En este mismo blog ya dejé constancia de la valía mostrada por la presidenta Bachelet en los acontecimientos que rodearon su país con motivo de la muerte del dictador Pinochet (La ejemplaridad de las transiciones). Sin embargo, la situación económica no sonríe a Chile y la presidenta no ha atravesado en este 2007 sus mejores momentos, en medio de protestas por el mal funcionamiento de los servicios públicos.

Sin embargo, a Cristina Kirchner sí le acompañan los resultados económicos, que con toda probabilidad han podido tener una influencia importante en el resultado final. Atrás quedaron los problemas del corralito y la insolvencia de un país que sumió a sus ciudadanos en una crisis personal y económica. Bien es cierto que la situación actual no es en absoluto perfecta. El crecimiento no toca a todos los ciudadanos por igual. Pero es, desde luego, un momento mucho mejor que el que se vivía hace cuatro años.

De cara al exterior no han faltado las comparaciones con el arquetipo de Evita, la mujer de Perón. Hay desconfianza ante una sucesión que despide un cierto aroma de nepotismo. Pero lo que no nos damos cuenta es que en Estados Unidos puede ocurrir lo mismo, con la posible llegada de Hillary Clinton a la presidencia. Internacionalmente, Cristina Kirchner va a tener que compaginar su relación con la Venezuela de Chávez (sin duda, de creciente influencia en los países de la región) y los Estados Unidos.

"Bueno... a ver qué pasa". Así se dirigía ayer al corresponsal de El País, un buen grupo de transeúntes. Argentina ha votado con un cierto encogimiento de hombros a la mujer del actual presidente, como intentando conjurar malos presagios que devuelvan al país la zozobra y el desencanto. Doña Cristina tiene la confianza de un pueblo al que le cuesta confiar en sus políticos. Una especie manifiestamente mejorable. Quizá por eso, sus primeras palabras las ha dedicado a pedir la reconstrucción "del tejido social e institucional de los argentinos". María Cristina me quiere gobernar... y yo le sigo la corriente. La famosa canción de aires cubanos volvió a sonar con cierta sorna durante la campaña electoral argentina. Esperemos que sea por el bien de los argentinos. Suerte.



Foto: Blog electoral de Clarín

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