lunes, 27 de agosto de 2007

La última semana de Karl Rove

Rove se va. Así lo anunció a mediados de este mes de agosto en una comparecencia pública (The Guardian). Al lado de Bush, como en estos últimos 14 años. Misión cumplida. A tenor de los resultados, desde luego que ha sido así. Le ha tocado trabajar al lado del Presidente en dos legislaturas marcadas, inexorablemente, por el 11-S y la amenaza del terrorismo global. La suerte pareció volverse en contra en las últimas legislativas. El lame duck sobrevuela el Ala Oeste de la Casa Blanca. Mientras, Rove mete en una caja sus papeles y sus recuerdos. Esta es su última semana.

¿Cuál ha sido el balance de su gestión? ¿Acertó? ¿Se equivocó? Como es natural, estos días ha habido interpretaciones para todos los gustos... y posiciones. Yo me voy a referir aquí a su aportación al mundo de la estrategia política y su traslación al mundo de la comunicación.

Esta es ya, de por sí, una gran aportación. Y es que todo en la Casa Blanca de Bush se estudia desde un punto de vista estratégico. Cierto es que no ha sido privativo solo de esta Administración. En mayor o menor grado, desde la Administración Nixon se contempla la comunicación presidencial como parte esencial de la estrategia política. Clinton, por ejemplo, contó con otro asesor célebre, Dick Morris. Bush ya tenía al suyo: Karl Rove.

Lo cierto es que tanto Morris como Rove comparten una metodología basada en un altísimo conocimiento de su electorado, de lo que piensa y opina la ciudadanía norteamericana. Para conseguirlo están las encuestas, como es natural, pero las fuentes de información se amplían a otras, como por ejemplo el contacto directo con los votantes, con las bases. Esta es una fuente de información que funciona en un sistema político como el norteamericano, que si bien no cuenta con estructuras de partido fuertes, si cuenta con las famosas communities: grupos de ciudadanos de cada barrio o pueblo de Estados Unidos que apoyan a uno u otro partido y que, elección tras elección, se responsabilizan de poner en marcha las campañas electorales: recaudación de fondos, encuentros con los candidatos, etc. Conocen a fondo su entorno.

Karl Rove se apoyó mucho en estos grupos. La información que le enviaban era cotejada con encuestas, tanto cuantitativas como cualitativas, a distintos niveles, fueran éstos nacional, estatal o por distritos. De ahí sacaba sus análisis y proporcionaba una orientación estratégica a lo que debía hacer y decir el Presidente.

La cuestión no reside tanto en la metodología como en el propio análisis que podía hacer Rove. Técnicas como éstas no acaban de asentarse del todo en nuestro país, por ejemplo. Hoy es el día en el que los partidos políticos siguen haciendo encuestas para confirmar sus propios juicios a priori o, lo que es más grave, forzando sus conclusiones para crear la imagen de un apoyo público a sus decisiones. Por eso existe ese deje tan característico de nuestros políticos, que siempre aseguran no creerse una palabra de las encuestas. Excusatio non petita, accusatio manifesta. O también que no piensan gobernar con encuestas, cuando al final acaban haciéndolo (ver el intersante artículo de Luis Aizpeolea en El País). Cuando al final, de lo que se trata, es de partir de la mayor y mejor información sobre el objetivo de la estrategia política; de sus opiniones presentes para construir las condiciones de su opinión futura. No se trata tanto de hacer lo que dicen los ciudadanos a través de las encuestas, como de identificar, de construir, el registro persuasivo adecuado que nos grangee su apoyo final. Nada más, ni nada menos. No exageraba Bush cuando nombró a Rove su "arquitecto".

Hace un par de años, la PBS americana emitió un reportaje muy interesante sobre la figura de Karl Rove, precisamente con ese nombre: Karl Rove - The Architect. En él pueden sacarse muchas conclusiones del tipo de trabajo que realizó.

De lo que se ha dicho estos días, me han parecido intersantes las siguientes opiniones:

The Washington Post (Editorial)
Mr. Rove was very good at gathering, analyzing and exploiting information about the electorate. He cared about what actual voters actually thought -- yes, including their "anger points." (...) Mr. Bush won elections as governor and president because he positioned himself, under Mr. Rove's tutelage, as a "compassionate conservative" and a "uniter, not a divider."(...) But when polling data showed Mr. Rove that there was more to be gained, politically, by intensifying support among the conservative Republican base, Mr. Bush abandoned persuading the middle and focused on motivating the right.

Paul A. Gigot (The Wall Street Journal)

Mr. Rove's political influence has been historic, notwithstanding the rout of 2006. His crucial insight in 2000 was recognizing that Mr. Bush had to be both an alternative to Bill Clinton's scandalous behavior and "a different kind of Republican." In 2002, the president's party gained seats in both the House and Senate in a first midterm election for the first time since 1934. And in 2004, for only the second time in history, a president won re-election while helping his party gain seats in both houses of Congress; the other time was 1936. (...) On foreign affairs, he predicts that at least two parts of the Bush Doctrine will live on: The policy that if you harbor a terrorist, you are as culpable as the terrorist; and pre-emption. "There may be a debate about degree," he says, "but it's going to be hard for any president to reverse that."

Florentino Portero (GEES)
Rechazó cualquier intento de buscar el voto de centro a cambio “descafeinar” el discurso, de hacerlo más ambiguo. Bien al contrario, optó por la movilización del votante potencial en un marco electoral muy ideologizado. (...) La conjunción de alta tecnología y trabajo directo puerta a puerta dio al Partido Republicano victorias legendarias, que están en el origen de un rencor nada disimulado entre las huestes demócratas. Victorias que no se hubieran interrumpido si los norteamericanos no hubieran perdido su confianza en Bush como Comandante en Jefe.

Foto: Reuters

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