viernes, 15 de junio de 2007

La ejemplaridad de las transiciones (2)

En España celebramos hoy el XXX Aniversario de las primeras elecciones democráticas. La historia de nuestra transición política (Spanish Transition to Democracy) y de nuestra evolución posterior, ha constituido para los españoles una excelente tarjeta de visita en su relación con otros países del mundo. Ha funcionado, por tanto, como un vector de nuestra diplomacia pública, en muchas ocasiones, sin ser conscientes de que tal cosa existía. El país empezó a crecer, empezamos a formar parte de la OTAN y de la UE, nuestras empresas se hacían cada vez más internacionales, y nuestra transición se convertía en referencia recurrente a lo que se empezó a llamar "el milagro español".

Curiosamente, ahora que la diplomcia pública está adquiriendo verdadera relevancia en las estrategias internacionales de la mayor parte de los países desarrollados del mundo, la transición española atraviesa una cierta crisis de reputación interna. La ley de Memoria Histórica se impulsó por el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero como la necesaria manera de completar una reparación con las víctimas republicanas de la Guerra Civil, que había quedado incompleta tras la transición a la democracia en el periodo 1975-1978. Consciente o inconscientemente, se ponía en tela de juicio el carácter cicatrizador y renovador de un periodo de nuestra historia, hasta entonces, permanentemente alabado.

En un anterior post, ya me referí a las transiciones políticas como aquellas historias ejemplares que un país podía mostrar a otros países del mundo. En aquel momento, me referí a Chile y a la forma en que sus dirigentes políticos, su ejército y todo el pueblo chileno cerraron la última (ojalá no la penúltima) página de su transición política a la democracia con la muerte de Augusto Pinochet. De aquellas jornadas, me quedaba en la retina la imagen de una presidenta Bachelet llamando a la reconciliación como tributo a algo que resultaba ser más importante que todos los avatares ocurridos hasta ese momento: la unidad de la nación chilena.

Treinta años después, España empieza a dudar de la validez de sus propios inicios como democracia. Treinta años en los que ese periodo nos permitió poner la primera piedra de nuestra credibilidad democrática ante el mundo, que nos confirió el salvoconducto necesario para formar parte de las grandes organizaciones internacionales, y que ha servido como modelo político, social y económico para todos los países del antiguo bloque del Este que hoy forman parte de la Unión Europea.

Todo un baluarte para nuestra diplomacia pública que corremos el riesgo de malograr. Difícilmente algo puede ser ejemplar para los demás si no es ejemplar para uno mismo. Pongámonos de acuerdo, entonces, sobre lo que es ejemplar para los españoles. Pero claro, quizá antes deberíamos ponernos de acuerdo sobre qué es España y qué lugar queremos que ocupe en el mundo. Como Chile. Pero esa es, desde luego, otra historia.

Foto: Time

No hay comentarios: