viernes, 22 de junio de 2007

ETA, el Gobierno y los medios

El escenario informativo amplifica la fuerza de ETA, pero la banda no tiene tanta fuerza como presencia en los medios de comunicación
Esto es lo que ha dicho hoy el secretario de Estado para la Seguridad del Gobierno español, Antonio Camacho, en unas declaraciones a la Cadena Ser. Estas palabras no tendrían la menor importancia si no denotaran un cierto aire de queja e impotencia que sí deberían preocupar seriamente al Gobierno.

Que ETA utilice los medios de comunicación para sus fines no es ninguna novedad. Es parte inherente al concepto mismo de terrorismo y los diferentes Gobiernos que lo han padecido a lo largo y ancho del mundo, así lo han entendido: que la información es un escenario adicional donde debe librarse la lucha contra el terror. En ocasiones, el escenario principal, como recientemente nos hacer ver el terrorismo yihadista. ETA ha podido tomar nota de estas últimas tendencias, aunque no está haciendo un uso de las nuevas tecnologías tan sofisticado como los islamistas. En realidad, están copiando el patrón de la anterior tregua, la que decretó en 1998 y rompió a finales de 1999.

En este caso, el damnificado de la guerra informativa desatada por ETA es el propio Gobierno. En la tregua anterior fue el PNV. ¿Qué tienen en común ambos?

Pues simple y llanamente que se convirtieron en interlocutores "oficiosos" de la banda terrorista. Con el término "oficioso" quiero decir que tales conversaciones nunca fueron públicas: ni cuándo se produjeron, ni lo que se trató en ellas. Puede parecer lógico, puesto que, como muchos pueden pensar, es mejor que este tipo de negociaciones se traten en el más absoluto secreto; la presión pública podría poner en peligro el éxito de las mismas. Sin embargo, en una guerra informativa como la que se plantea ahora puede no ser tan lógico, al fin y al cabo.

La lógica de esta guerra no es militar o policial, sino informativa. Diría más. Puede tener aplicación toda la lógica estratégica de las operaciones policiales, pero que maneja elementos muy distintos. En vez de efectivos y detenidos, estamos hablando de información publicada, información no publicada y credibilidad.

El Gobierno y el PNV tuvieron unas conversaciones con ETA que decidieron no contar; que tanto su celebración como su contenido permanecieran en el anonimato. Inconscientemente, le estaban dando a su adversario (o enemigo informativo, si se quiere) una baza ofensiva en el caso que la situación de tregua saltara por los aires. No tanto por los encuentros en sí, sino por el hecho de que no se conozcan. Esta baza aumentó su importancia en la medida que los interlocutores de la banda negaron públicamente que hubieran existido tales contactos. De ser revelada esta información, en un sistema democrático, ambos actores políticos verían comprometida seriamente su credibilidad.

Esto es lo que pasó con el PNV en 1998 y es lo que está pasando estas semanas con el Gobierno español. Sin cintura para reaccionar, sin haber previsto que esto iba a suceder, los responsables de la lucha antiterrorista prefieren hacer declaraciones como las que encabezan este post, donde parece que el verdadero enemigo del Gobierno es la información y no el hecho de que se intercepten una furgoneta con 100 kilos de explosivo. Parecen decir que la culpa la tienen los medios de comunicación porque, encima, hablan de ello. Mala cosa si todo lo que acertamos a decir es esto.

¿Tiene el gobierno alguna baza para contrarrestar la ofensiva informativa que está padeciendo? ¿Se molestó en recopilar alguna por si la tregua se rompía? ¿Por qué no desactiva las bazas informativas de ETA contándonos a los españoles cuándo se reunió y qué habló con la banda durante la tregua? Seguro que hay una buena razón para todo lo que hizo y dijo. ¿Por qué no lo cuenta? ¿Por qué no se adelanta a las informaciones que puede seguir publicando Gara?

Llevamos años hablando de las guerras asimétricas, de su naturaleza, de sus consecuencias, pero hoy en día los gobiernos siguen siendo incapaces de contrarrestar una amenaza de estas características. Estados Unidos pretende que sus mensajes sean aceptados por un público, el de los países musulmanes, que no les concede ninguna credibilidad. Hezbollah fue el ganador virtual de una guerra virtual al aparecer ante el mundo, sobre todo musulmán, como el primer ejército que resistió el ataque del todopoderoso y efectivo ejército israelí. Y el Gobierno español dice que el problema no es tanto el terrorismo de ETA sino que los medios hablen de ello. Una miopía preocupante hasta que no se afronte esta nueva forma de lucha terrorista en su campo de batalla real: el de la información.

Foto: A la izquierda, Antonio Camacho, con José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno (AFP).

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