miércoles, 6 de junio de 2007

Aznar y Zapatero: ¿las mismas palabras ante un fin de tregua?

Eso es, al menos, lo que se ha deslizado desde instancias gubernamentales ante las reacciones que ha provocado la declaración del Presidente del Gobierno tras el comunicado de ETA en la madrugada del lunes. El proceso de paz, tal y como lo ha denominado el propio Gobierno desde que comenzó, ha contado con una enorme contestación entre la oposición política, asociaciones civiles como el Foro de Ermua y las asociaciones de víctimas del terrorismo etarra. No era de extrañar, por tanto, que se estuviera atento a las palabras del Presidente cuando ETA diera por concluido el alto el fuego anunciado el año pasado. Los asesores presidenciales han sido conscientes de ello y supuestamente han intentado una trampa dialéctica al utilizar algunos términos que empleó Aznar en 1999 con el fin de dejar en evidencia las previsibles críticas que pudieran venir de la oposición. Una técnica de comunicación que ya habían empleado en una ocasión anterior, con motivo del revuelo formado tras el atentado de la T4 en Madrid.

Sin embargo, como se puede ver en los dos textos, que se reproducen íntegros a continuación, el parecido no es tan intenso como se quiere hacer ver. "Eta se equivoca" es la frase más similar entre ambos, pero hay diferencias de fondo que solo se advierten leyendo en su integridad ambas declaraciones. Aznar utiliza su declaración para hacer un repaso cronológico de lo que el Gobierno hizo durante la tregua. Nos cuenta, incluso, cuántos contactos se produjeron. Zapatero obvia esta cuestión, puesto que los contactos se han mantenido en secreto durante todo el proceso, y concluye su declaración con una referencia expresa a que el dolor "durará lo que la Ley, la democracia y la libertad tarden en acabar con la violencia". Algunas palabras iguales, pero grandes diferencias de fondo.

Declaración de José María Aznar el 28 de noviembre de 1999:

ETA ha decidido romper su decisión de cese de la actividad terrorista, que con carácter indefinido anunció hace más de catorce meses. Muchos pueden sentir hoy la quiebra de una esperanza de paz que la sociedad española, y especialmente la sociedad vasca, han albergado durante este tiempo.

Pero ETA se equivoca. ETA se equivoca de nuevo cuando desoye el clamor unánime de la sociedad en favor de la paz y de la convivencia pacífica. ETA se equivoca de nuevo si piensa que con la coacción, con el chantaje o con el terror va a provocar la fractura del marco democrático y de las libertades de todos. ETA se equivoca de nuevo si pretende prolongar el sufrimiento, convertir a los ciudadanos en rehenes de sus objetivos y poner precio al derecho de todos a vivir en paz.

En la primera declaración que realicé tras el anuncio de ETA el 17 de septiembre del pasado año, me comprometí como presidente del gobierno a impulsar con toda determinación las iniciativas que condujeran al inicio de un proceso de paz. Fiel a este compromiso, llevé a cabo una iniciativa de diálogo y de consenso con los líderes de todos los grupos parlamentarios.

Autoricé el inicio del diálogo con el entorno político de la organización terrorista que decía asumir las vías exclusivamente políticas, pacíficas y democráticas.

Se produjo un primer contacto. Convenido un segundo encuentro, se suspendió unilateralmente por la otra parte. Autoricé el inicio del diálogo con ETA para acreditar su voluntad de llegar al cese definitivo de la violencia. Se produjo un primer contacto que confirmé ante la opinión pública. Convenido otro encuentro, la organización terrorista también lo suspendió unilateralmente.

A partir del acuerdo unánime del Congreso de los Diputados, el gobierno ha adoptado decisiones significativas en materia de política penitenciaria. El gobierno ha promovido fórmulas que facilitaran el regreso de aquellos que por su relación pasada con la violencia terrorista residían fuera de España.

Como respuesta a una exigencia política y moral hacia los que más directamente han sufrido la agresión terrorista, el gobierno, también con el acuerdo unánime de los grupos parlamentarios, ha impulsado una ley de reconocimiento y apoyo a las víctimas de todas las acciones del terrorismo.

Con la misma rotundidad con que hemos asumido el compromiso de avanzar en la búsqueda de un cese definitivo de la violencia, siempre hemos dejado claro que la paz tiene que basarse sobre el respeto al pluralismo de la sociedad y a los valores más profundos de la convivencia democrática.

El conjunto de la sociedad española ha pagado un altísimo precio por mantenerse firme en sus convicciones y unida frente al chantaje terrorista.

Tengo la seguridad de que los españoles están con el Gobierno y con todas las instituciones democráticas en la defensa de la libertad, de la convivencia pacífica y del respeto a las leyes.

Tengo plena confianza en que la fortaleza y unidad que hemos demostrado en los momentos más difíciles siempre prevalecerán sobre los que intentan sembrar la desesperanza y provocar el desánimo.

El gobierno ha hecho, hace y hará todo cuanto esté en su mano por buscar los caminos de una paz definitiva. Pero al mismo tiempo, lo ha hecho, lo hace y lo hará desde el más estricto respeto a las normas del Estado de Derecho y garantizando en todo caso los derechos y las libertades de todos.

Tengo la seguridad de que triunfará la voluntad de paz que todos los españoles compartimos y que entre todos haremos realidad ese camino de esperanza.

Declaración de José Luis Rodríguez Zapatero el 5 de junio de 2007:

Buenos días.

ETA ha dado por finalizado el alto el fuego permanente abierto por ella misma en marzo de 2006. Es un período que ya había roto, de hecho, con el atentado cometido en la Terminal de Barajas en el pasado mes de diciembre, que costó la vida de dos ciudadanos ecuatorianos.

Hoy ETA ha tomado la misma decisión que otras veces en el pasado y ahora, como entonces, ETA vuelve a equivocarse. La respuesta a esta nueva equivocación será la que siempre han dado los Gobiernos de España, las fuerzas democráticas y la sociedad en su conjunto: una respuesta anclada en la defensa común de los valores e instituciones democráticos, en la estricta aplicación del Estado de Derecho, en la eficacia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y en la cooperación internacional.

Somos un país fuerte. La sociedad española ha mostrado, a través de un período ya muy largo, que su dolor no debilita su fortaleza y que el sufrimiento no merma su determinación. Lo mostrará ahora de nuevo, sin ceder a ninguna de las amenazas o los desafíos a los que se le quiere someter.

La decisión de ETA va radicalmente en la dirección contraria al camino que desean la sociedad vasca y la española: el camino de la paz; un camino que sólo tiene un final: el del abandono definitivo de las armas; un camino que sólo puede iniciarse o recorrerse con la renuncia completa a la violencia.

Quiero dirigirme singularmente a los ciudadanos vascos. He realizado todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz y abrir un marco de convivencia para todos, en el que pudiesen defenderse democráticamente todas las opciones y que supere todo enfrentamiento. Sé que la mayoría de los ciudadanos vascos conocen la autenticidad del esfuerzo que el Gobierno ha realizado y quiero reafirmar que mi mayor esperanza radica en la profunda voluntad de la mayoría de la sociedad vasca y de la sociedad española de vivir en paz y en libertad.

El futuro de los vascos depende y dependerá de ellos mismos, en el marco de la Ley y de la democracia. Nunca dependerá de la violencia terrorista.

Hoy quiero asegurar que el Gobierno, con la fuerza de la Ley y del Estado de Derecho, pone y pondrá todos los medios para la defensa de la convivencia, de la libertad y de la seguridad de todos los ciudadanos.

Agradezco a los grupos políticos que han dado un respaldo incondicional al Gobierno su compromiso en este período. Es un agradecimiento que tengo especialmente también con todos los ciudadanos que me han hecho llegar su apoyo y su confianza. Tengo la esperanza de que, ante el anuncio de ETA, ese respaldo de los grupos políticos sea unánime. Me esforzaré para lograrlo, porque eso es lo que quiere la mayoría de los españoles y eso es lo que necesita la mayoría de nuestro pueblo.

La fuerza de la democracia y de la palabra siempre derrotará al delirio totalitario. Estoy seguro de que algún día esta consideración se impondrá, incluso, a quienes hoy vuelven a amenazarnos a todos.

Mantener la violencia sólo provocará dolor, un dolor que durará lo que la Ley, la democracia y la libertad tarden en acabar con la violencia; pero estoy convencido de que, más temprano que tarde, la sociedad española conquistará definitivamente la paz. Me empeñaré en que esa paz se alcance cuanto antes.

Muchas gracias.

Foto: Reuters

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