miércoles, 10 de enero de 2007

Al Qaeda toma posiciones en el Líbano

Lo ha dicho el jefe de la Inteligencia Militar de Israel, el general de brigada Amos Yadlin ante la comisión parlamentaria de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knesset, según informa hoy el diario israelí Haaretz. Estaríamos hablando de un grupo "entre varias docenas y un centenar", venidos de Iraq y Pakistán, con "la intención de hostigar a las tropas de Naciones Unidas y atacar intereses occidentales."

Así pues, en los próximos meses se puede abrir un tercer frente de lo que se ha venido llamando "insurgencia" a cargo de las huestes de Al Qaeda. La guerra asimétrica que se libra en Iraq y Afganistán corre el riesgo de extenderse a Líbano, allí donde Hezbollah fue capaz de "aguantar" la embestida el todopoderoso ejército israelí.

En Israel, como no puede ser de otra manera, ya se están preparando.
En su plan estratégico anual, las Fuerzas Armadas Israelíes (IDF) han estimado que podrían entrar en conflicto abierto con Líbano, Siria, Irán y la Autoridad Palestina durante 2007. El responsable de seguridad de la región de Kiryat Shmona (Norte de Israel), el teniente coronel Eshkol, admitía el pasado diciembre, en una entrevista en La Gaceta de los Negocios, que no era descartable la reanudación de la guerra con la milicia chií de Hezbollah: "Los medios de comunicación hablan del próximo verano. Creo que podría haber pronto una segunda vuelta del conflicto, porque Hezbollah sigue metiendo armamento a través de la frontera de Siria".

La entrada en liza de los jihadistas de Al Qaeda contribuirá a complicar aún más las cosas. Están nuestras tropas y está nuestro Gobierno, que puede verse mezclado en un conflicto armado que no quiere ver ni en pintura. Llegado el caso, la pregunta es: ¿Qué hará? Nuestros soldados están perfectamente preparados para afrontar cualquier situación, como han demostrado en sus misiones anteriores. Pero será interesante observar qué hace un Gobierno que ha hecho de su imagen pacifista y dialogante una seña de identidad tanto en el plano interno como en el de su diplomacia pública. De momento, está consiguendo no verse involucrado en los combates que se libran en el sur de Afganistán a fuerza de oponerse a la redistribución de fuerzas que se planteó en la última Cumbre de la OTAN.

Y está, obviamente, Israel. Sobre todo, en el caso de que la guerra vuelva a estallar. Decía el teniente coronel Eshkol en la entrevista citada más arriba que "Israel no aprovechó toda su fuerza en la guerra del pasado verano. Si hubiésemos tenido dos meses más hubiéramos derrotado a Hezbollah y podríamos haber llegado a Beirut. Si hay otra “vuelta”, ésta vez la respuesta será diferente". Pero esta vez, Israel deberá hacer frente también al enfrentamiento "asimétrico" con los jihadistas, con sus atentados suicidas y su guerra informativa a través de la Red. Un desafío complicado en el que se jugaría algo más que su prestigio militar.

Foto: Reuters

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