lunes, 4 de diciembre de 2006

Rumsfeld también lo sabía

Al parecer, dos días antes de dimitir, o que "le aceptaran la dimisión", Donald Rumsfeld envió a la Casa Blanca un memorándum donde reclamaba un gran ajuste de las acciones llevadas a cabo en Iraq y proponía una larga lista de opciones. El texto lo publicaba íntegro The New York Times en su edición de ayer.

El informe es breve, tal y como suelen ser este tipo de documentos, pero lo que quizá sorprende es el hecho de que se trate de una lista un tanto deslavazada de acciones "ilustrativas", tal y como las denomina, que pueden llevarse a cabo para mejorar la eficacia de la "misión" en Iraq. Lo más sorprendente es que muchas de ellas tienen que ver con una reorientación hacia acciones que tienen que ver más con la diplomacia pública que con la estrategia militar. Dos campos que, a mi juicio, lejos de ser antagonistas, son complementarios. O deberían serlo.

Qué casualidad que este memo se conozca dos días antes de que la comisión Baker-Hamilton, conocida como Iraq Study Group, publique sus conclusiones sobre los cambios que deberían llevarse a cabo en la gestión de esta crisis. Llevamos varias semanas en que existe una carrera denodada por ser el primero en dar ideas sobre esta cuestión y poder decir el clásico "ya lo decía yo" cuando se conozca el informe de este organismo.

Rumsfeld no ha querido ser menos y, por si alguien pudiera dudar de que es el primero en darse cuenta de la situación y en proponer soluciones, aquí ha aparecido tan oportunamente esta información.

Que se da cuenta de la situación lo demuestra el párrafo introductorio, que es muy claro:
In my view it is time for a major adjustment. Clearly, what U.S. forces are currently doing in Iraq is not working well enough or fast enough.
"Clearly". Es difícil adivinar los pensamientos que se le han podido venir al Secretario de Defensa estadounidense cuando un día sí y otro también la situación en Iraq demuestra una falta clamorosa de previsión y planificación acerca de lo que iba a suceder tras la toma de Bagdad y la desaparición del Estado iraquí. Las decisiones titubeantes de comienzos de la posguerra alimentaron la desconfianza de la población, como consecuencia de una incapacidad por detener lo que empezaron siendo simples escaramuzas para pasar a convertirse en una estrategia organizada de atentados por parte de antiguos afectos al régimen de Sadam Hussein y de células de Al Qaeda. Sabían lo que hacían cuando escogieron a la población chií como las primeras víctimas, porque su respuesta, que se prolonga hasta hoy, ha convertido Iraq en un campo de batalla donde el fuego cruzado entre suníes, baathistas y chiíes mina la confianza en el Gobierno iraquí y desmoraliza y divide a la opinión pública de los países que tienen allí sus tropas.

Es ese déficit de credibilidad el que tratan de atajar algunas de las opciones barajadas por Rumsfeld, como por ejemplo:
Publicly announce a set of benchmarks agreed to by the Iraqi Government and the U.S. — political, economic and security goals — to chart a path ahead for the Iraqi government and Iraqi people (to get them moving) and for the U.S. public (to reassure them that progress can and is being made).

Initiate a reverse embeds program, like the Korean Katusas, by putting one or more Iraqi soldiers with every U.S. and possibly Coalition squad, to improve our units’ language capabilities and cultural awareness and to give the Iraqis experience and training with professional U.S. troops.

Provide money to key political and religious leaders (as
Saddam Hussein did), to get them to help us get through this difficult period.

Initiate a massive program for unemployed youth. It would have to be run by U.S. forces, since no other organization could do it.

Grandes lecciones son las que está sacando el ejército norteamericano de la guerra en Iraq. Una de ellas tiene que ver con algo tan complicado como ayudar a construir una nación a un país que previamente has invadido. La estrategia de campo deja paso a los asuntos civiles, que casi nunca funcionan con la misma precisión que un ejercicio militar largamente entrenado y simulado. Por decirlo sintéticamente, convertir soldados en diplomáticos en misión especial. El ejército se topa así con cosas tan impredecibles como la opinión pública, la credibilidad y la confianza de una población que vive en medio de una guerra. Cuestiones que van a decidir, al final, el éxito o el fracaso de la operación.

Foto: Reuters

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